A uno y otro lado de este pasillo había tres estancias, con grandes números negros pegados en las puertas. Estos números eran simplemente hojas del calendario del año pasado, concretamente las correspondientes a los seis primeros días de abril de 1923. Primero de abril -la primera puerta a la izquierda- era el dormitorio de Alfyorov, la siguiente era la del dormitorio de Ganin, en tanto que la tercera correspondía a la patrona, Lydia Nikolaevna Dorn, viuda de un hombre de negocios alemán que, veinte años atrás, se la había traído desde Sarepta a Berlín, y que había fallecido hacía un año de fiebre cerebral. En las tres habitaciones de la derecha -desde el cuatro al seis de abril-, vivían Antón Sergeyevich Podtyagin, viejo poeta ruso; Klara, muchacha de opulento busto e impresionantes ojos de color castaño azulenco; y, por fin, en el dormitorio seis, al final del pasillo, dos bailarines de ballet, Kolin y Gornotsvetov, los dos soltando siempre risitas de muchacha, con las narices empolvadas y muslos muy musculosos. Al término de la primera porción del pasillo estaba el comedor, con una litografía de la Ultima Cena en la pared que daba frente a la puerta, y las amarillas calaveras con cuernos de unos ciervos alineadas sobre un aparador de redondeadas líneas bulbosas. En este aparador se veía un par de jarrones de cristal, otrora los dos objetos más limpios de la casa, pero actualmente empañados por una capa de graso polvo.

Después del comedor, el pasillo formaba un ángulo recto a la derecha. Allí, en aquellas trágicas y malolientes profundidades, se ocultaba la cocina, un pequeño dormitorio para la criada, un sucio cuarto de baño y un estrecho W. C, en cuya puerta había dos rojos ceros, privados del guarismo inmediato anterior con el que habían indicado el número correspondiente a dos domingos, en el calendario de sobremesa de Herr Dorn.



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