
Voy a terminar la presente introducción con las siguientes afirmaciones. Como contesté una de las preguntas que me hizo Aliene Talmey, en su entrevista para Vogue (1970): "Lo mejor de la biografía de un escritor no es el relato de sus aventuras sino la historia de su estilo. Únicamente desde este punto de vista se puede valorar debidamente la relación, si es que la hay, entre mi primera heroína y mi reciente Ada." Podría añadir que, realmente, no hay relación alguna. La otra afirmación hace referencia a una falsa creencia que todavía se esgrime en ciertos sectores. Pese a que cualquier tonto puede alegar que "orange" (naranja) es el anagrama onírico de "organe" (órgano), me permito aconsejar a los miembros de la delegación vienesa que no pierdan su precioso tiempo analizando el sueño de Klara, al término del cuarto capítulo de la presente obra.
VLADIMIR NABOKOV
9 de enero, 1970
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– Lev Glevo. ¿Lev Glebovich? Querido amigo, estos nombres son trabalenguas, más que nombres.
– Es cierto -repuso Ganin con cierta sequedad, mientras intentaba distinguir el rostro de su interlocutor, en la imprevista oscuridad.
Ganin se sentía molesto por la absurda situación en que los dos se encontraban, así como por la conversación que se veía obligado a sostener con aquel desconocido. La voz prosiguió impertérrita:
– No crea que le haya preguntado su nombre y apellido por simple curiosidad. No, porque siempre he creído que todo nombre…
